La evolución de Jalen Brunson en los New York Knicks ha marcado un antes y un después en la estructura ofensiva del equipo. Desde su llegada, el base ha demostrado liderazgo, capacidad de decisión y una habilidad excepcional para crear juego desde el perímetro. Su solidez ha llevado al cuerpo técnico a rediseñar el sistema ofensivo para convertirlo en el eje central de las jugadas exteriores. Los aficionados, entusiasmados con esta nueva era, no han tardado en mostrar su apoyo luciendo la New York Knicks camiseta con su número.
El papel de Brunson no se limita únicamente a anotar; su inteligencia táctica lo convierte en un verdadero director de orquesta. Sabe cuándo acelerar el ritmo, cuándo frenar y, sobre todo, cómo involucrar a sus compañeros en el juego. Esta visión ha elevado el nivel de jugadores como RJ Barrett y Quentin Grimes, quienes se benefician de los espacios y asistencias generadas por el base.
Tom Thibodeau, conocido por su enfoque disciplinado, ha encontrado en Brunson la pieza ideal para implementar un sistema más dinámico y eficiente. El pick and roll se ha convertido en una de las armas más peligrosas del equipo, con Mitchell Robinson como socio habitual en las jugadas interiores. La amenaza constante de Brunson desde la media distancia y su precisión en los triples obligan a las defensas rivales a estirarse, abriendo huecos que el resto del equipo sabe aprovechar.
Otro aspecto clave ha sido su liderazgo emocional. Brunson no solo se destaca por sus estadísticas, sino por su capacidad de asumir la responsabilidad en los momentos decisivos. En partidos ajustados, su sangre fría y capacidad para resolver situaciones críticas lo han convertido en el referente que tanto necesitaban los Knicks.
Este cambio de paradigma también ha tenido un impacto en la rotación. Jugadores como Immanuel Quickley y Donte DiVincenzo han encontrado roles complementarios, aportando puntos y energía desde el banquillo. La profundidad de la plantilla, combinada con un juego colectivo más fluido, posiciona a los Knicks como un equipo competitivo en la Conferencia Este.
El Madison Square Garden vuelve a vibrar con la ilusión de una franquicia que ha sabido reinventarse. La apuesta por un base sólido como Brunson ha dado frutos visibles, no solo en el rendimiento individual, sino en la mejora global del equipo. Si el núcleo actual mantiene esta progresión, los Knicks podrían ser serios candidatos a pelear por las primeras posiciones en la temporada.
En un momento en el que la NBA valora cada vez más a los bases creativos y confiables, Brunson ha demostrado estar a la altura de los mejores. Su impacto no solo se mide en puntos o asistencias, sino en la confianza que transmite a sus compañeros y en la estabilidad que le brinda a un equipo con historia y hambre de gloria. Para quienes siguen con pasión cada jugada desde las gradas o desde casa, llevar una camiseta baloncesto con su nombre representa mucho más que un símbolo: es la muestra del renacer de unos Knicks centrados, fuertes y con visión de futuro.
Brunson se mantiene firme en el centro: los Knicks construyen un eje ofensivo exterior a su alrededor
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